Brigitte y Simon demostraron que el amor no conoce fronteras. De Cataluña a Italia, sus caminos se unieron hasta encontrar en el otro el equilibrio perfecto, una armonía entre la pasión italiana y la serenidad catalana. En este castillo lleno de magia, sellaron su promesa de caminar juntos, con la certeza de un amor que desafió distancias y diferencias.